La fascia es un tejido conectivo que mantiene el cuerpo unido dándole la forma que tenemos, envolviendo los tejidos, sirviendo de suspensión a los órganos, ofreciendo apoyo y movimiento a estructuras como los nervios y los vasos sanguíneos, formando una red que de manera ininterrumpida controla el cuerpo.

Malas posturas prolongadas el tiempo, además de traumatismos directos con su correspondiente proceso de cicatrización, lesiones “químicas” (procesos de acidificación, mala hidratación, desequilibrios bioquímicos…) y trastornos emocionales (miedo a movernos, ansiedad, enfado…) son las causas de una disfunción miofascial, que cursa con restricciones en el sistema fascial, provocando cambios en el resto de los sistemas.

El tratamiento busca eliminar las restricciones y reequilibrar el organismo. 

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